Al filo del botón nuclear
Nada humano me es ajeno.
Al filo del botón nuclear
Gilberto Dihigo.-En el pasado, los países levantaban castillos fortificados para defenderse de sus enemigos; hoy, en cambio, apuestan por el armamento nuclear para “disuadir” a los posibles adversarios. El problema es que los rivales también poseen esos artefactos de destrucción y los aliados, a su vez, cuentan con sus propios juguetes atómicos. El resultado: si alguien aprieta el botón equivocado, podríamos despedirnos del mundo que conocemos y asumir el apocalipsis tantas veces anunciado por distintas tradiciones religiosas.
Vivimos una era de líderes inestables que conducen poblaciones fanatizadas bajo el impulso del nacionalismo más feroz. No hay control ni obediencia a las normas. La ONU, surgida tras la Segunda Guerra Mundial como salvaguarda de la paz, es hoy una institución sin verdadero poder: sus resoluciones son desdeñadas por quienes deberían dar el ejemplo. Mientras tanto, China y Rusia pugnan por desplazar a Estados Unidos como potencia hegemónica; Corea del Norte amenaza; Irán persigue el arma atómica; e Israel actúa con agresividad y sin contrapesos.
Bastaría una chispa para reducir a cenizas el mundo que conocemos. Hoy mismo resuenan las armas y mueren civiles —léase mujeres, niños y ancianos— en Sudán, donde millones han sido desplazados; en Gaza, donde persiste una crisis humanitaria; y en Ucrania, devastada por la guerra contra Rusia.
Aunque la cantidad exacta de armas nucleares es un secreto bien guardado, expertos estiman que Estados Unidos y Rusia concentran alrededor del 87 % del total. A inicios de 2025, nueve países poseían unas 12, 241 ojivas nucleares, según el SIPRI y la Federación de Científicos Estadounidenses (FAS), organizaciones dedicadas a la transparencia sobre estos arsenales. Se cree que el Reino Unido, Francia, China, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel poseen el 13 % restante. De ese total, unas 9, 614 ojivas estarían en arsenales militares listas para su uso en misiles, aeronaves, buques y submarinos, y 3, 912 de ellas se clasifican como “estratégicas y no estratégicas desplegadas”, es decir, ubicadas en bases de misiles intercontinentales, bombarderos pesados o sistemas de corto alcance operativos.
Una mala comunicación; una indigestión del camarada Kim en Corea del Norte; un rebrote psicótico del líder ruso con apellido de meretriz; o la decisión de Xi de imponer la bandera china al mundo… y, como decía un desaparecido locutor cubano de béisbol cuando alguien conectaba un batazo descomunal: “Adiós, Lolita de mi vida”.
Los ciudadanos estamos indefensos ante esta escalada. En los países donde aún despertamos sin explosiones ni cadáveres en las calles, debemos mantenernos alertas frente a las decisiones de quienes gobiernan: esos dirigentes que envían a nuestros hijos a guerras que ellos mismos no pelean y nos tratan como peones en un tablero de ajedrez. Estemos alertas.
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