Rescatemos al niño interior
Gilberto Dihigo.- Mi niño interior me reprende cuando insisto en hablar de política y de sus ejecutores, los astutos políticos, esos individuos de labia suave y convincente - quienes como dijo, con su ingenio inigualable, el escritor español Enrique Jardiel Poncela: “El que no se atreve a ser inteligente se hace político”.
Mi niño interior, quien solo piensa en asuntos complacientes de la época dorada de jugar a los vaqueros y los indios, años más tarde, descubrí que fueron los blancos quienes iniciaron el acto de escalpar las cabelleras. En fin, el mal. También por él sueño, con los libros de Emilio Salgari y Julio Verne, mis lecturas embriagadoras que me transportaron a esos sitios deslumbrantes que yo visualizaba emocionado.
Y es cierto que, de niño, nunca supe —hasta después de 1959— quién fue Fulgencio Batista, Fidel Castro, ni los barbudos que lo acompañaron,de quienes contaron historias de otras maneras después.
Un recuerdo de mi niñez fue el asalto al Palacio Presidencial, los disparos, y cómo, mi primo Luis fue a buscarme a la escuela porque mi madre estaba asustada. En ese tiempo, vivíamos cerca de la casa ejecutiva; después de eso, nos mudamos para el Vedado.
La política no significaba nada para mí; no veía noticieros. Mis expectativas en la televisión era Mickey Mouse, Huckleberry Hound,el oso Yogy, las aventuras de Roy Rogers, Bat Masterson, Perry Mason, Investigación Submarina, los dibujos animados de Batman y Superman, entre otros del mismo estilo.
Luego, cuando los retiraron todos, nos dijeron a los que ya no fuimos niños que todo aquello era penetración ideológica del imperialismo; y claro, comenzaron a “educarme” en los principios del socialismo.
Eso fue más adelante, pero mi niñez transcurrió sin enfados por las acciones del gobierno, solo revoloteaba contento sobre mi madre, quien junto a mi primo Juan y sus amigos del entonces, me brindaron mucho amor.
Mi padre estaba auto exiliado en México a causa del golpe de estado de Batista; en la práctica, no lo conocí, ya que nací en 1952 y él se fue después de marzo de 1953. Lo encontré en 1959, pero esa historia la cuento en el libro “Mi padre el inmortal” que esta en Amazon (un corto publicitario, jejeje)
¿Es preferible hacerle caso a mi niño interior e ignorar a los trumpistas apasionados, quienes miran al actual presidente como el hombre sabio capaz de convertir el agua en vino y multiplicar los panes en millones? ¿Y tampoco creer en los antitrumpistas, quienes lo consideran el diablo que llegó a la Tierra para liquidar todo vestigio de la democracia? ¿A quién creer?
Si afirmamos que los segundos tienen la razón, hay que recordar lo que dijo Voltaire: “Es peligroso tener la razón cuando el gobierno está equivocado”. Mientras tanto, Mark Twain alerta lo siguiente sobre los primeros: “Cada vez que te encuentres del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”.
Sin embargo, aunque a veces queremos alejarnos del caos y encerrarnos en nuestro interior para disfrutar de la conversación del niño Pupy —como me llamaron en esa etapa feliz—, es complicado escapar del todo. No puedo evitar sentir compasión por lo que pasan en Cuba los pocos amigos que me quedan por allá, así como por las quejas de mis amigos antitrumpistas y trumpistas.
Es una realidad de estos convulsos tiempos, aunque, mejor que yo, ya lo expresa la periodista y escritora argentina Leila Guerriero: “En una era donde el ruido de la conversación está a todo volumen y proviene desde todos los ángulos, formarse un criterio propio en medio de la bulla, la desinformación, las contradicciones, la desmemoria y la manipulación de los discursos y relatos puede ser difícil, pero resulta absolutamente necesario. Tan necesario como revisar y discutir ese criterio a menudo para que no se transforme en dogma”, reflexiono.
Nuestra mente procesa entre 40,000 y 70,000 pensamientos al día, de acuerdo con diferentes investigaciones científicas. Y aunque el número exacto puede no ser tan relevante, es importante tener en cuenta que, para la mayoría de las personas, alrededor del 75% de esos pensamientos suelen ser negativos, y entre ellos, sin duda, se encuentran temas políticos.
Sin embargo, con un sencillo ajuste, es posible que tengas un primer pensamiento positivo al despertar, lo cual, al menos, permitirá que comiences tu día con buen ánimo y que tengas otro al dormir. Si puedes, saca a tu niño interior, él te llevará a un mundo más feliz donde no habrá política ni sus enviados.
Yo trato de tenerlo todo el día; por eso río y bailo sin motivos. Los niños no conocemos la vergüenza ni el odio, y eso me ayuda a ser más positivo.
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