Cibercomunistas del mundo, ¡actualizaos!

 

Cibercomunistas del mundo, ¡actualizaos!

Por Gilberto Dihigo.–
El querido Michel Hernández, desde España, golpeó la puerta de mi curiosidad cuando, en una nota, mencionó que un individuo le confirmó que era comunista, pero con un nombre sonoro: “cibercomunista”.
¡Rediez! –diría ese ancestro vasco del que llevo el apellido Dihigo–, ahora sí me dejaron con la boca abierta. El moro Marx nunca pudo imaginar que la apertura de su conocido Manifiesto Comunista, aquel “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”, fuera transformado en:
“Un espectro recorre el mundo: el espíritu del cibercomunismo en roaming, con gigas y algoritmo.”

¿Y por qué sorprendernos de la nueva tendencia, si hay quienes defienden la tesis de que la Tierra es plana? Pero el pan, si no tiene mantequilla, no es sabroso. Así que los nuevos comunistas tienen su soporte intelectual, como el visionario canadiense Nick Dyer-Witheford, profesor en la Facultad de Información y Estudios de Medios en la University of Western Ontario, quien en 1999 escribió Cyber-Marx: Cycles and Circuits of Struggle in High Technology Capitalism, donde explora cómo el marxismo puede adaptarse a las nuevas formas tecnológicas.

Escudriñé un poco sobre este mesías que llega por Wi-Fi, y resulta que es el iluminado más importante de la llamada izquierda tecnopolítica. Su concepto de montar a Marx en una laptop inspira a movimientos por el software libre, las cooperativas digitales y el llamado “luxury communism”, o comunismo de lujo, una idea que lanzó el británico Aaron Bastani en su libro Fully Automated Luxury Communism, donde propone que la automatización, la inteligencia artificial, las energías renovables y la abundancia de información están creando las condiciones para una nueva forma de sociedad postcapitalista, donde el trabajo humano es mínimo y los bienes están disponibles para todos como parte del procomún.

Ahora me pregunto: ¿cómo podrían resolver los cibercomunistas cubanos  estudiar las doctrinas con los apagones maratónicos que azotan a los ciudadanos de la isla?
Claro, esos son los “cyber” del proletariado, los de a pie, porque quienes instrumentan la dictadura –léase dirigentes gordos y rosados– no tienen problemas con el fluido eléctrico.

Me vuelvo a preguntar: ¿y si un nuevo afiliado no tiene computadora? ¿Un obrero o un campesino?
¡Ah! Ese estará, como dicen en mi tierra, ¡jodido! No podría pertenecer al grupo que combate a las corporaciones capitalistas como Google, Amazon o Meta.

Ahora los seguidores juntarán digitalmente sus manitos en Zoom para cantar La Internacional, y en vez de “Ni César, ni Tribuno, ni burgués, ni patrón”, pedirán algoritmos justos, y el proletariado digital gritará por sus bocinas:  ¡Reinstala el sistema!

En resumen, el cibercomunismo promete acabar con la explotación del hombre por el hombre… pero con estética de Silicon Valley y un fondo de pantalla de Marx con filtros de Instagram.

Probadlo todo –como dijo San Pablo– y quedaos con lo que funcione sin bugs. El resto, como siempre, será historia… o mejor dicho: historial de navegación.

De estar viva Delcina, al contarle yo este nuevo ritmo comunista con sonido digital, me hubiese dicho:
“Mijo, eso del ciber ya lo inventaron hace muchos años: se llama cuento chino.”


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