MORIR POR LA PATRIA ¿CUAL PATRIA?

 


Gilberto Dihigo. Nacemos por el travieso azar en un pedazo de tierra que, al crecer, los mayores y la sociedad nos obligan a considerar como nuestra patria. 

Luego, altas dosis de nacionalismo que el líder de ese momento nos inculca, a nivel prefrontal del cerebro, nos llevan a decir con orgullo que nuestro territorio es el más hermoso. 

Por ello, creamos canciones, poemas y vamos a la guerra, dispuestos a morir envueltos en la bandera nacional, sin saber que, en realidad, hemos sido engañados toda nuestra vida.

A decir verdad, nuestra verdadera patria es el planeta Tierra, los fragmentos de tierra donde cada uno de nosotros vive y que, por una realidad imaginada, fueron divididos por intereses culturales, económicos y políticos. 

Esa extraña pertenencia, que de manera ingenua llamamos patria y amamos apasionadamente, nos lleva a considerarnos patriotas, pero luego, en un santiamén, la perdemos sin vuelta de correo para siempre. Veamos algunos ejemplos.

Las dos guerras mundiales convocaron a las armas por ese concepto patriótico del territorio, cuando, en realidad, la gente murió y luchó en una guerra económica que respondía a otros intereses. 

Lo relacionado con la tierra es relativo. Danzig (hoy Gdansk), el puerto sobre el Báltico, asentamiento eslavo en territorio germano que fue anexado a Polonia, logró su autonomía y se la entregaron a Prusia. Napoleón la liberó y más tarde se la devolvieron a los prusianos. En 1919, el Tratado de Versalles la convierte en ciudad libre otra vez, pero con la condición de servir como puerto a Polonia, contra la voluntad de la mayoría alemana.

En 1935, fue dominada por los nazis. Hitler utilizó el pretexto de Danzig para invadir Polonia en 1939 (el argumento nacionalista) y desatar la guerra. 

La anexión duró hasta el derrumbe del nazismo. El ejército Rojo entró en Danzig, y los aliados la reintegraron a Polonia, recuperando su nombre de Gdansk, donde los trabajadores de Solidaridad iniciaron su histórica protesta que colocó al comunismo de rodillas en Europa del Este posteriormente.

Más ejemplos: Checoslovaquia surgió luego de la Primera Guerra Mundial, al desaparecer el Imperio Austrohúngaro, que incluía poblaciones checas y eslovacas en su gran mayoría. Gracias a un proceso nacionalista -otra vez la palabrita- el 28 de octubre de 1918, dichos nacionalistas orgullosos formaron una nación independiente llamada Checoslovaquia, con su bandera e himno. 

Sin embargo, 75 años después, checos y eslovacos concluyeron, en 1993, que era mejor divorciarse. ¿Y la bandera checoslovaca y el himno? Pues nada, a fabricar artilugios y música nueva. ¿Y qué pasó con aquellos nacidos como checoslovacos? Ellos quedaron en el limbo y ahora son checos o eslovacos. Fuera dudas.

Una situación similar sufrieron quienes nacieron en el Reino de Yugoslavia en 1929. Durante la Segunda Guerra Mundial, el territorio fue fragmentado al ser invadido por las potencias del eje fascista. 

Al finalizar la guerra, bajo el liderazgo de Josip Broz Tito, se estableció la República Federativa Popular de Yugoslavia, un nombre bastante largo y patriótico. No obstante, el astuto Tito, aunque besaba el crucifijo marxista, diseñó un modelo comunista independiente bajo el nombre de socialismo auto-sugestionado, que otorgaba a las empresas más poder en la gestión económica y en el que estaban orgullosos de su rica diversidad cultural y étnica. 

Todo parecía un edén, pero otra vez el nacionalismo atrofió esa idea y, en la década de los 90, un bombazo nacionalista fragmentó el país en distintos estados: así nacieron Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Montenegro y Macedonia del Norte.

Cuba, país de profundas raíces nacionalistas e independentistas, rinde gran admiración a su bandera, su escudo e himno. 

Una gran parte de la población vive orgullosa de esos valores de pundonor. No obstante, la enseña nacional y el escudo fueron diseñados por el venezolano Narciso López, quien, dicho sea de paso, consideraba que la anexión a los Estados Unidos representaba lo mejor para la isla, más que combatir a España, incluso, el himno nacional tiene varios acordes de "La boda de Fígaro" de Mozart.

Esto no significa que dejemos de tener lealtad al lugar donde nacemos, pero la realidad es que todo el planeta es nuestro hogar y sus habitantes estamos vinculados de una manera u otra porque pertenecemos a la especie Homo sapiens. 

Somos Homo sapiens; por lo tanto, todos somos familia. Por realidades imaginadas, nos separamos en grupos según los lugares de asentamiento donde comenzamos a desarrollarnos y decidimos que esos espacios fueran exclusivos para nosotros. 

La historia nos dice que esos territorios cambiaron de manos de época en época. Entonces, ¿cuál es la patria verdadera? ¿La que nos dice morir por ella o nuestra madre Tierra? Si de pronto surge una amenaza de invasión extraterrestre, ¿cómo reaccionarán esos pedazos de tierra que son potencias y luchan por ser hegemónicas? ¿Se unirán Rusia, Estados Unidos, China, India, Reino Unido, o defenderán solo su pedazo de territorio? . Vale la pena preguntar.



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