SIN FILTROS: Curazao, natación por edades y el valiente Sergio

 

  Gilberto Dihigo.-Viajar a la isla de Curazao en 1986 para cubrir el centroamericano por edades representó un reto para mi carrera periodística, ya que era la segunda vez que lo hacía como periodista y por el compromiso de escribir para todos los periódicos, algo que logramos tras una refriega con el hipócrita jefe de propaganda del INDER, Manuel Vaillant, quien dejó fuera del plan a Trabajadores el año anterior y solo consideró a Granma y Juventud Rebelde para esos viajes. 


Esto fue un golpe para la revista LPV, que fue eliminada sin contemplación cuando asumió como presidente Conrado Martínez Corona, un buen hombre, pero mal aconsejado por el ladino Vaillant en su opinión para desaparecer al semanario.


En mi caso, debía demostrar que tanto mis compañeros de equipo, Luis Hernández y Abelardo Oviedo, como yo éramos capaces de asumir el desafío con éxito. Yo, sin dudas, estaba más comprometido por la carta protesta al no incluirnos en ese plan de viajes, que envié al presidente del Círculo de Periodistas Deportivos, el caballeroso Elio Constantin, al Partido Comunista y al propio Vaillant, luego que la inigualable directora de Trabajadores, en ese entonces, Magaly García More, la revisara y eliminara los párrafos incendiarios y sin filtros, típicos de mi temperamento.

Los viajes al extranjero en la Cuba fidelista, sin dudas, durante un tiempo antes de la “apertura”, fueron un privilegio que gozaban funcionarios, deportistas, músicos y periodistas. A pesar de que muchos cumplían con las tareas asignadas, representaban también la posibilidad de comprar artículos que en el “humano socialismo” no se encontraban, y de paso, conocer otras culturas. 

Así, viajar cuando otros también aspiraban era una lucha silenciosa, en medio de recriminaciones, envidias de algunos y enojos de otros. No era extraño que varios acudieran al “padrino” para hacer gestiones y lograr el viaje.

Después de acudir a la biblioteca nacional para informarme sobre las costumbres de Curazao —no existía internet en Cuba— y visitar Prensa Latina para buscar en la hemeroteca y archivos del amable Severo Nieto, un compilador extraordinario, revisé la historia de esos torneos y adquirí la experiencia del fallecido Manuel Ciro Valle, quien ya había cubierto esos eventos ya estaba preparado en el contenido.

 Por cierto, en Prensa Latina, el único que siempre encontraba por esos lares era a René Navarro, un excelente comentarista, siempre muy bien informado en todos los deportes, a diferencia de varios de sus compañeros que solo sabían de boxeo y béisbol, y no de otras disciplinas deportivas.

Con esas herramientas partí rumbo a Curazao, junto al fotógrafo de Granma, Ricardo López, quien, por cierto, rompía el estigma de viajar al extranjero por culpa de un hijo de Putin, Vladimir, que le hizo un mal informe y canceló durante muchos años sus salidas al exterior. La tarea que teníamos ambos no resultaba fácil porque pertenecíamos a una delegación que integraba una tropa numerosa de niños, entre 11 y 16 años, en cuatro categorías de todas las modalidades de natación.

El arribo de la delegación cubana a la isla, que durante un tiempo perteneció a las Antillas Holandesas, fue un caos, ya que las autoridades migratorias no nos dejaban pasar porque eran necesarias dos autorizaciones: una del gobernador de la isla y otra de Holanda, y faltaba una. Recuerdo que llamé a varios periodistas conocidos y a un amigo, que me presento el doctor Eduardo Negrete, al que ayudé de buen grado con varios problemas que enfrentó en su estancia en un evento de esgrima, relacionados con el transporte y otros detalles en Cuba. 

Este quedó muy agradecido y me dijo que, si algún día visitaba la isla, lo llamara. Eso hice, y entre los periodistas amigos y Charles, el amigo de marras de esgrima, la delegación pudo pasar. Recuerdo que el comisionado, Sergio Valiente, agradeció la gestión.

Si mi memoria anorexia hoy en día lo permite, nos hospedaron en las instalaciones de una universidad, tal vez Omar E. R. González quien fue parte de esa delegación como entrenador, recuerde el nombre. En la noche, no se podía dormir dentro de los cuartos debido a los ataques de los mosquitos capitalistas que deseaban chupar la sangre de los atletas socialistas. Es una broma lo digo para aclarar a las mentes calenturientas; lo cierto es que los vampiros alados no dejaban conciliar el sueño, y casi toda la delegación dormitaba afuera en los pasillos, donde el aire fresco ahuyentaba a la plaga.

El primer día de la competencia apareció el amigo de la esgrima, con una camioneta espectacular para llevarnos a la piscina: el Valiente, Sergio, el hombre responsable de la federación tuvo que irse en la guagua. Al saludar Ricardo y yo, descubrí en sus ojos una mirada rara que no entendí, ya que su sonrisa, cuando aparecía, siempre era escasa. En realidad, el jefe de la delegación fue el querido doctor en Ciencias del Deporte, el fallecido Alejandro Isasi, quien no puso ninguna objeción.

Una anécdota de Isasi para evocar es que al saludar siempre decía: “¿Ustedes qué están haciendo?” y no movía una sonrisa en su rostro, negro como el ébano. Siempre trotaba, ejercicio que en ese entonces practicaba, y al segundo día me invitó a correr. Mientras lo hacíamos, él desgranaba cortos comentarios, “como que en este país hay muchos negros, pero los ve a todos bien”; “no he visto a ningún indigente en las calles donde los compañeros dijeron que existían”.

Los "compañeros" que se refería Isasi eran quienes ofrecían las charlas-muelas del Partido a las delegaciones, donde inoculaban el virus ideológico del socialismo cubano para rechazar las inclinaciones de cualquier penetración capitalista. Por supuesto, siempre buscaban lo peor de las situaciones sociales y políticas del país que se visitaba.

Al tercer día de estar en Curazao, una mujer fabulosa y bella, muy parecida en  su color dorado a Beyoncé, llegó a la universidad para buscar una carta y un regalo que enviaba una amiga en común, bailarina de danza nacional de Cuba. Hicimos buena amistad al encontrarnos y al despedirnos con besos y abrazos me dejo una invitación que extendí a mis amigos Ricardo e Isasi para una fiesta en su casa. Luego, ella subió a su Mercedes descapotable. Esto lo observó Valiente, Sergio y esta vez advertí una mueca desagradable en su rostro.

El sitio para dirigir la información a Cuba era en un correo al que conquisté al responsable con dos enormes afiches, uno de Varadero y otro de Tropicana, más unas banderitas de Cuba, el Comité Olímpico Cubano y la Federación Cubana de Natación, además de algunos pines y un disco de una agrupación musical cubana que no recuerdo. 

Todos esos artículos fueron entregados por Propaganda del Inder, y los regalamos en vez de espejitos, como los conquistadores españoles a los indios. El hombre  siempre nos esperaba muy amistoso, y lo animé entre carcajadas que como un detalle suyo por ser  Ricardo y yo fieles clientes nos comprara hamburguesas de McDonald’s, con sus correspondientes refrescos, porque el amigo Valiente, Sergio no nos guardaba comida al llegar tarde a la universidad por el trabajo.

Significaba una tarea complicada escribir para los tres periódicos, además de Prensa Latina. La información pura la enviaba a Trabajadores, los resultados por edades y una entrevista corta a Prensa Latina, un comentario de la jornada a Granma y otro comentario, así como los récords de la jornada, a Juventud Rebelde. Eso lo escribía en los desaparecidos telex, por una cinta que luego Ricardo me ayudaba a pasar directamente a cada órgano de prensa.

Las hamburguesas fueron una ayuda tremenda porque en ese viaje nos dieron solo 6 dólares a cada uno. Al cuarto día, el compañero que “nos cuida” —léase seguridad del Estado—,al terminar el evento, nos preguntó si podía acompañarnos. Tanto Ricardo como yo dijimos que sin problemas. Llegamos al sitio y el del correo nos recibió muerto de risa porque hablaba español, y Ricardo no paraba de hacer chistes y "joder" con el tipo, a lo que yo siempre aportaba algo.

El seguroso se sorprendió del trabajo que hacíamos y lo engorroso que era enumerar las categorías y las diferentes modalidades. Más asombrado quedó cuando le dijimos la cantidad de dinero que nos dieron y no guardaban comida para nosotros en la Universidad. El tipo mostró humanidad y en un aparte confesó que Valiente, el buena gente de Sergio, lo alertó de que nosotros no estábamos haciendo nada y estábamos paseando en carro y parecía que desertaríamos de la delegación, por eso nos acompañó. Nos hizo jurar que no diriamos nada, porque eso lo perjudicaría y no le mostraramos a Valiente, Sergio que estabamos enterados. Luego, nos regaló 10 dólares de su dinero a cada uno, porque para él resultaba inconcebible que nos dieran tan poco.

La competencia terminó y llegamos a La Habana. Cuando salimos de la aduana, una madre se acercó y me dijo que nunca esa competencia tuvo tanta información. La madre de Mariana, una de las atletas, Aries Morales, luego fue mi amiga cercana, y hasta el día de hoy compartimos una buena fraternidad . 

Días después, al analizar el viaje, el propio presidente Martínez Corona felicitó el trabajo del representante de Trabajadores en la reunión INDER-UPEC, quien cumplió el compromiso de enviar material a todos los periódicos, y de Ricardito que suministró fotos suficientes para la revista El Deporte, Derecho del Pueblo, el otro compromiso que ambos teníamos de acuerdo al plan. Al concluir la reunión, se acercó Valiente, Sergio y reconoció el trabajo. Lo miré fijamente y esbocé una sonrisa de agradecimiento por sus palabras, mientras pensaba: gracias, hijo de Putin,  se jodió tu  envidioso veneno.


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