LA REVOLUCIONARIA NALGA
Gilberto Dihigo.-Tal vez Shakespeare, con ese ingenio que siempre mostró al escribir, ahora pondría a Hamlet con la réplica de una nalga en la mano; dubitativo, el príncipe de Dinamarca mirándola diría: "¿tener o no tenerla grande?".
Después del conocido implante mamario, la gluteoplastia —nombre de este procedimiento— es una de las intervenciones quirúrgicas más populares en el ámbito de la cirugía plástica. De acuerdo con cifras divulgadas en el 2019 por parte de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS), 95,000 personas en el mundo, incluyendo hombres, cambiaron la forma de sus nalgas.
El dilema "nalgatatorio" para los sapiens, especie inconforme y avariciosa desde su aparición, es antiguo. Poetas romanos como Horacio y Juvenal se burlaron en sus obras de la atención desmedida que prestaban los ciudadanos de su época a sus cuerpos, especialmente a esa parte posterior. Juvenal, en sus conocidas “Sátiras”, un conjunto de poemas que critican a los nobles de su tiempo, utiliza un estilo punzante al referirse a las nalgas de ese grupo social.
¿Qué tipo de nalgas desean los inconformes? ¿Chatas, cuadradas, flacas, grandes o pequeñas? No lo sé, pero lo que seguro anhelan, con pasión, son las de Jennifer López o Kim Kardashian: ampulosas, sensuales... En fin, detengo la descripción para no perder la objetividad; todos saben cómo son los traseros de esas dos mujeres. En resumen, el ideal...
Antes de este invento quirúrgico, muchas mujeres colocaban relleno en su ropa interior, un secreto que describió el maestro Enrique Jorrín en su cha-cha "La Engañadora” y dice: "se ha sabido que en sus formas relleno tan solo hay; qué bobas son las mujeres que nos tratan de engañar". Ahora en nuestros tiempos no es necesario atiborrar las nalgas con tela; existen diferentes formas de enfatizarlas con bisturí. Algunas, como el relleno con grasa, pueden ser peligrosas. Sin embargo, eso no importa con tal de integrar el pelotón de las nalgudas lindas.
Otro músico imitó a Jorrín en eso de cantar sobre las nalgas. En 1992, Anthony L. Ray, un rapero, elogió a las mujeres con traseros grandes en su tema "Baby Got Back", el cual tuvo tanto éxito que permaneció cinco semanas en el top 100 de Billboard.
La celebración por las nalgas grandes se hizo evidente. Dos poetas también expresaron su ingenio al referirse a esa "zona donde la espalda pierde el nombre." Así, Charles Bukowski escribió: “...y las muchachas mexicanas lucen jóvenes, con nariz aguileña y tremendos ojazos, destacando sus glúteos en apretados bluyines.”
Con un estilo distinto, Pablo Neruda comentó: “La línea que tu espalda ha dividido en salidas regiones se pierde y surge en dos tersas mitades de manzana.” ¡Bravo, Neruda! Así evitó mencionar ‘culo’, el término más prosaico para referirse a los glúteos.
A mi manera, creo que las personas con nalgas firmes suelen ser más estresadas, lo que se refleja en su carácter. Algo sucede con los desnalgados, quienes tienden a ser lentos y tristes, mientras que el grupo de las nalgas caídas siempre parece furioso. Por otro lado, los que tienen nalgas pequeñas tienden a ser narcisistas y autoritarios, como Hitler, Franco o Putin. Claro, eso es solo una observación personal, así que no me hagan caso, no soy psiconalgas, jeje.
No imagino a esos hombres que, sin tener ningún problema de salud, busquen un lifting de glúteos. Pero ¿quién soy yo para juzgar? En esta vida, cada uno busca lo que necesita, y no hay dudas de que, en la revolución del cambio físico, las nalgas son parte activa de este movimiento. Es bueno felicitar a las que nos permiten sentarnos cómodamente y pese a estar detrás hoy son primeras, así que vivan las nalgas y las nalgudas.
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