CORRE DETRÁS DE LA SALUD.
Gilberto Dihigo.-Bailar boleros con letras que invitan al amor hasta el amanecer, estrechando un cuerpo femenino que se entrega de manera apasionada y promete momentos estremecedores de cóncavos y convexos incandescentes. Luego, sin descanso, practicar deportes durante horas y al día siguiente salir de fiesta, nuevamente desvelándose con escasas horas de sueño, no resulta ser el mejor ejemplo de lo que Platón llama el equilibrio entre alma y cuerpo para gozar de una buena salud.
La salud te ama y cuida, pero llega un momento en que, cansada de tu actitud desconsiderada, decide abandonarte. Aunque intentes recordarle que vives bajo el signo del dios griego Dionisio, quien influye en tu desbordante alegría, tus instantes de locura y tu indiferencia hacia las normas sociales, la salud, disgustada, entrecierra los ojos y abre la puerta a males terribles que castigan al cuerpo sin piedad, recordándote que, sin ella, la señora de la guadaña te observa con mayor atención.
Ante ese divorcio provocado por tu actitud, solo queda correr tras la salud, que, a modo de venganza, no se deja atrapar. Debes recurrir a pócimas, píldoras o líquidos químicos en el peor de los casos. Frente a esta huida, es esencial buscar en tu interior la necesaria paz mental para enfrentar a los numerosos enemigos de la vida que afloran desde tu ser y han crecido en tus entrañas de forma gradual, consecuencia de una vida descuidada en años anteriores.
Sin embargo, a decir verdad, arrepentirse de bailar boleros y esperar el amanecer al lado de un cuerpo femenino que jura ser tu único amor y aparentemente exprimir hasta el último minuto esos diez años, de los 20 a los 30, donde disfrutaste con intensidad; esa alocada década de beber, reír, tener insuficiente dinero pero pensar que eras el dueño del mundo, contar con los mejores amigos de tu vida —aunque algunos te traicionaron—, enamorarte y volver a enamorarte, y creer en ideas que prometían mejorar al mundo pero resultan ser mentiras, no está presente en tus confesiones.
Así que corres sin descanso detrás de la esquiva salud y tratas de que no tome mucha distancia. Ella sabe que no la alcanzarás, pero respeta tu persistencia y voluntad. Mientras tanto, tú disfrutas el recorrido y vives este presente, lleno de risas, enamorado de una sola mujer, con amigos selectos, buenos hijos, y hermosos nietos; una pequeña, pero verdadera familia, junto a un propósito de existencia que consiste en ser solidario. Sabes que la auténtica generosidad hacia el futuro radica en entregarlo todo al presente, como recuerda Albert Camus.
Corre detrás de la salud, corre con fuerza, pero sabe perfectamente que, en algún momento, la carrera llegará a su fin. Sin embargo, eso ya no le importa, porque es feliz con el recuerdo del ayer y el amor del presente. Eso es suficiente.
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