SOY UN INOCENTE

 

Gilberto Dihigo.- Disfruto del amanecer que aparece con esos colores rojizos en diferentes tonos que inundan el cielo, como portavoces de que el astro rey —ese que posibilita la vida en el planeta Tierra, donde vivimos todos y no en parcelas divididas por las realidades imaginadas del hombre que llaman fronteras— surge en todo su esplendor. 

Un día más para vivir, no solo para este ser imperfecto llamado Gilberto, sino para los millones de seres humanos que bullen con sueños de esperanza en una vida mejor, de norte a sur y de este a oeste, dentro de esta esfera redonda y no plana, como afirman los escépticos “terraplanistas”.

Estoy tranquilo y leo noticias del mundo, como que Yoyo, la elefanta más longeva del mundo, falleció en España a los 54 años, o el avión de pasajeros de Azerbaijan Airlines, derribado por misiles rusos, que provocó la muerte de 38 personas y 29 heridos graves. 

La muerte, esa protagonista perpetua en las vidas humanas, aparece de manera diaria en las tontas guerras, enfermedades, accidentes o por decisiones propias. La muerte nos recuerda constantemente que debemos disfrutar del milagro de vivir, algo que muchas veces desaprovechamos con premuras innecesarias o planes que limitan nuestra alegría al lado de nuestras familias o verdaderos amigos. En fin, el mal.

Tomo un sorbo de café con leche y pienso en el sufrimiento que padecen miles y miles de personas que deciden abandonar sus países natales para dirigirse hacia naciones donde esperan tener paz y posibilidades para criar a sus hijos. 

 Esa ilusión es el motor que los impulsa a caminar por desiertos, navegar sobre embarcaciones improvisadas en mares inseguros, cruzar selvas peligrosas y muchas veces ser engañados por bandas criminales que traicionan su confianza y les roban el dinero que llevan, ahorrado al vender sus propiedades personales.

Hoy en día, esos inmigrantes son catalogados como indeseables, deportados al mismo sitio del que escaparon y que, en muchos casos, representa una condena de muerte si regresan. 

 No hay duda de que el movimiento migratorio es un tema complejo, imparable para las naciones receptoras, que argumentan su incapacidad económica para recibir a todos. Ante la problemática de la necesaria humanidad hacia esos seres desesperados que buscan una nueva vida y la tajante restricción de los diferentes gobiernos de no permitir la entrada a sus países, el mundo se debate en la actualidad. En fin, el mal.

Amanece en este espacio donde habito; termino el café con leche y creo que todos esos problemas tendrán solución. Los inmigrantes y gobiernos llegarán a un acuerdo más flexible para que puedan quedarse, el hijo de Putin, Vladimir, terminará la guerra con Ucrania y ofrecerá disculpas por su cobarde invasión, el gobierno cubano aflojará el lazo corredizo del socialismo estalinista sobre el cuello de sus ciudadanos y convocará elecciones con otros partidos para iniciar un proceso democrático.

Claro, esos pensamientos están inspirados en el espíritu del 28 de diciembre, el Día de los Inocentes. Sin dudas, soy un inocente redomado, pero vale la pena soñar.


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