Soy loco e ignorante

 


Gilberto Dihigo.- El paracaídas del siglo XX con el que aterrizé en este complicado XXI no abrió correctamente, y terminé golpeándome la cabeza con una nueva geografía social, una que no tengo suficiente capacidad para comprender. Mientras tanto, ante la cordura generalizada de los otros, que parecen conocer los nuevos aires a la perfección, no tengo más dudas: soy un loco, y lo peor, un ignorante. 


  Lo aprendido en el siglo XX apenas tiene relevancia frente a las realidades de estos tiempos. A ver, ¿quién podría haber imaginado que un gobierno del Reino Unido financiaría fármacos para adelgazar y ayudar a que los obesos desempleados regresaran al trabajo? "Nuestras cinturas, cada vez más expansivas, están imponiendo una carga importante en nuestro Servicio Nacional de Salud (NHS)", declaró el ministro británico Wes Streeting. ¡Cáspita y recontra cáspita! 


 Lo más extraordinario es que, mientras algunos intentan superar las atrocidades del pasado, otros se empeñan en recrudecerlas. Como el ministro del Interior libio, Emad Trabelsi, quien anunció la creación de una "policía de la moralidad" para reprimir a las mujeres de su país y despojarlas de todos sus derechos. Este individuo quiere imponer la sharia al extremo, prohibiendo que las mujeres viajen sin la compañía de un hombre, o que compartan espacios públicos con hombres, incluso en cafés. Sin sonrojarse, advirtió que no es aceptable que una mujer se vista "de forma indecente" o que no porte el hiyab, el pañuelo islámico. Además, dejó un mensaje claro para quienes no estén de acuerdo: pueden abandonar el país. 


  Sin lugar a dudas, este ciclo terrestre está lleno de hechos y realidades que no logro entender. Pero lo que realmente destroza mis conocimientos previos y me hace sentir como un extraño en esta nueva era, fue enterarme de que un ¡plátano se vendió por 6.2 millones de dólares! Este plátano, por cierto, estaba pegado a una pared con cinta adhesiva y se subastó en Sotheby's por 5,2 millones, cifra a la que hay que añadir un millón más que el comprador desembolsó a la casa de subastas. 


 Si a todo esto le añadimos que hoy en día muchas personas no creen en los medios tradicionales por ser "comunistas" o de "derecha", y prefieren informarse a través de los llamados "influencers" (quienes, por el solo hecho de su nombre , ya debería despertar nuestra desconfianza), la locura parece aún más evidente.Los influencers no buscan que pensemos por nosotros mismos ni que tomemos decisiones informadas; buscan inclinarnos hacia sus ideas, incluso cuando mienten descaradamente, jugando con medias verdades y falacias. 


 En las redes sociales, donde crecen exponencialmente la mentira, la desinformación y las medias verdades, se inyectan con premeditación y ventaja por países como Rusia, China e Irán, además de elementos de partidos ultraconservadores y de izquierda. Todos ellos siembran bulos que muchos aceptan como verdades, porque, en el fondo, es lo que desean escuchar. La tendencia actual es validar información que jueguen con nuestras convicciones, sin cuestionarlas. 


 Ya no importa razonar. Solo existen verdades absolutas por parte de los militantes de los partidos. Nada empaña la credibilidad de sus políticos. No me atrevo a citar al filósofo Pirrón para no ser acusado de liberal, ya que este sabio griego de la antigüedad luchó contra los dogmas para liberar a la humanidad de la inquietud, la hostilidad y el conflicto a través de la duda. 


Nada hace cambiar a quienes afirman tener la verdad absoluta y miran desafiando a los que opinan de manera diferente. Están poseídos por su verdad, la única aceptable. Ante esta aparente cordura de estos tiempos y los pensamientos extremos que nos rodean, me refugio en la locura, buscando escapar de esta nueva ola sin freno impulsada por quienes rechazan las ideas democráticas y que arrasa con lo que antes consideraba sensato, para convertirlo en un sinsentido. Ahora me queda recordar a Socrátes y repetir sus palabras provocadoras: Solo se que no se nada



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