CAYO LA FLOR, QUEDA LA RAMA.
Gilberto Dihigo.-El tiempo, aunque repite días y meses en cada vuelta del sol, es tan voluble como un pequeño niño que retoza con sus juguetes, hace que estas jornadas sean diferentes siempre, así muchos hechos heroicos, nacimientos y muertes ilustres desaparezcan del ideario por el hacha de ese genio implacable llamado olvido, sin embargo cuando evitamos el desparrame de la memoria conseguimos de manera terca recordar ese momento irrepetible y convertirlo en vigente como la muerte el 20 de mayo de 1971 de Martin Magdaleno Dihigo Llanos, hijo del sargento mambí, Benito Dihigo.
Y por eso como dice el poeta “quiero poner ahora la energía de la memoria, del entendimiento y de la voluntad en armonía, con la memoria que no olvida nunca, con el entendimiento siempre atento y con la voluntad que no se trunca” y recordar que este 20 de mayo Dihigo penetró por sus propios méritos al Olimpo del deporte donde se encuentran los grandes de todos los tiempos,ese lugar perfumado, apacible y donde conviven en paz todas esas energías poderosas.
Al mencionar al cubano hay que hablar de béisbol latinoamericano y ¿porque no, mundial? Porque el “Maestro”, como lo llamaron en México, resulta imprescindible que aparezca en cualquier charla, sus numerosas proezas, como la de ganar en dos ocasiones el título de líder de los bateadores y lanzadores o la de batear de 6-6 o ganar campeonatos como manager y jugador. Existe copiosa información para rememorar esos logros.
Sus admiradores tienen muchos registros para demostrar su valía como miembro de varios salones de la fama, donde está incluido, como el de Cooperstown, de las Grandes Ligas, donde fue el segundo latinoamericano en anotarse y el primero de las Ligas negras, o su paso destacado por México, República Dominicana, Venezuela, Estados Unidos y Cuba su país natal. Sin embargo “El inmortal”, como lo bautizó el periodista Adolfo Font, es mucho más que un acumulador de récords y hazañas deportivas.
Martin Dihigo fue un hombre proactivo, comprometido con los problemas sociales de su época y un rebelde ante las injusticias. Esos actos sociales son en gran parte desconocidos por quienes hablan de sus meritos deportivos. En 1933 promovió una colecta para la restauración del histórico Palmar del Junco, que producto del paso de un ciclón quedó en malas condiciones. Abogó también para que el estadio fuera propiedad del estado y de esa manera garantiza la práctica solamente del béisbol.
Encabezó una colecta para trasladar los restos del inmortal Cristóbal Torriente desde Estados Unidos a Cuba, costeó las exequias de su compañero Alejandro “El caballero” Oms. En una de las visitas del más pequeño de sus hijos A México, el dueño de un restaurante le confesó que de muchacho era un bolero (limpiaba zapatos) y siempre le trabajaba bien los zapatos de dos tonos a Don Martin, quien un dia le pregunto si no asistía a la escuela y le respondió que en su casa la vida era muy modesta. Dihigo quedó callado y preguntó su dirección. El muchacho la proporcionó y al otro día apareció en su casa y le entregó el dinero completo de la colegiatura, incluyendo uniforme y libros a su madre. El hombre con los ojos llorosos repitió las palabras de Dihigo al marcharse. “Hay que estudiar para formar hombres buenos en la sociedad”.
Y bajo esa misma filosofía de ayudar a los jóvenes invirtió su dinero para crear en Veracruz la Asociación de Jóvenes Esperanza de la Fraternidad (AJEF, por sus siglas), una organización vinculada a la masonería.
Incansable lector, sobre todo de la historia de Cuba, en la que su padre intervino, siempre admiró a los actores de la epopeya de la independencia y visitaba con frecuencia las casas donde vivían los veteranos de aquella gesta y su secreta ambición era la de escribir un libro sobre aquellos hombres, por eso no es raro que un libro refleja este pensamiento: “La patria es lo más grande que un hombre puede tener y siempre hay que venerar a los hombres que la defendieron y la hicieron grande”.
Dejó la escuela en sexto grado para irse a jugar a los Estados Unidos, pero luego estudio por la noche y terminó el bachillerato lo que permitió escribir en periódicos y aprobó un examen para comentarista radial que lo convirtió en el primer pelotero que realizó esa labor en Cuba. Masón y abakuá, entidad que ingresó de la mano de su padre y en el que ocupó el cargo de isué eribó en la potencia matancera Odián Ofí. Vale decir que el origen de esta sociedad era de ayuda y proteccion entre los negros, no como quisieron hacerla ver los racistas.
Locuaz, creativo, que lo demuestra al ser el impulsor para que el equipo Cienfuegos utilizara el verde como su color y adoptará el elefante para ser su mascota, de manera igual hizo con Veracruz con el color azul y asumiera el nombre de Águilas.
Recordar a Martin Dihigo como pelotero estelar es válido, pero su figura humana engrandece más su nombre,
Hoy en día hay una Fundación que lleva su nombre y lucha por ayudar a niños y jóvenes, algo que un siglo atrás comenzó ese hombre que llaman "El Inmortal" otros El Maestro y yo sencillamente padre. Solo afirmó que luego de 53 años fallecido el hijo predilecto de Matanzas,
la flor cayó, pero quedó la rama y la Fundación asi lo reafirma. Nunca olvidado Martin..
Tu admiración por tu padre te engrandece mucho y lo hace aún más relevante,muchas gracias por mantener tan vivos su imagen y su recuerdo
ResponderEliminar