CÁNCER INCURABLE¿IMPORTA?

 

Nada humano me es ajeno.


Gilberto Dihigo.- Observa fijamente a su esposa que lo mira de reojo y  espera pacientemente, sin demostrar temor, las palabras del médico, quién con cara de problema esta parada estática, casi hierática, como una estatua egipcia, frente a su cama. Afuera del hospital la vida nocturna bulle y él yace en ese lecho impersonal donde otros sufrieron iguales o peores penas. Eso no le importa en este lapso temporal.


  No cree egoístamente que sus penas sean iguales a otros ocupantes, en otros momentos de la cama, por el  terrible dolor que perfora su espalda y le muerde, cómo una bestia salvaje los nervios, al crisparlos de manera inimaginable y desgarrar sin piedad cada vértebra de la espalda. Eso piensa inmóvil y sonríe para tranquilizar a su mujer y recuerda que los griegos distinguían la buena risa que llamaban “gelas” y la mala “katagelan” ¿ Cómo llamarían los griegos a esta mueca de mierda que esboza  ahora su boca?


Un minuto puede ser eterno, demoledor, angustioso, fatal y sabe qué pasará en los 60 segundos siguientes. Su esposa lo mira ahora con miedo, pero esperanzada de que todo saldrá bien. Él conoce cuál será el anuncio, porque investigó sus síntomas en internet por una pista que un doctor cubano le comentó al encontrar sus  glóbulos blancos muy bajos y le indicó una biopsia, el primero de varios huecos posteriores  en la espalda que vendrán después, pero eso no lo sabe en ese momento, sólo esta quieto, resignado al minuto que cambiará su futuro.


Ya con el resultado de la biopsia en la mano, la mujer de bata blanca carraspea la voz y dice unas palabras lapidarias, temibles,  que en ese momento agita un océano de emociones. “Señor lamento decirle que tiene cáncer”.El minuto terrible llegó y trajo miedo, mucho miedo, desesperanza, angustias. La doctora comienza a explicar la hoja de ruta a seguir para combatir el tumor.  Gilberto Dihigo solo observa el rostro de Marisol, quien reprime las lágrimas y  transforma su semblante, siempre alegre en una máscara de tristeza.


 Es el 16 de febrero del año 2019, el hombre en la cama llegó aquejado de una aparente sacrolumbalgia -eso pensó- y el regalo luego fue conocer la intrusión del mieloma múltiple dentro de su cuerpo y su vida, al invasor desde el momento que conoció su nombre, le declaró la guerra y lo minimizo con el mote de “Milly”. Este asesino de la salud afecta las células plasmáticas del sistema inmunitario, encontradas en la médula ósea, la gran fábrica de glóbulos blancos y plaquetas, encargadas de combatir las infecciones y otras enfermedades.  Ese es su modo operandis, entre otras felonias a la ley de la salud.


La malévola “Milly” es difícil de diagnosticar en un inicio y cuando ya es descubierta la criminal hizo su tarea en destruir huesos, como resultó el caso de Dihigo con cinco vértebras comprimidas de la columna. que en un principio lo dejó sin caminar, postrado en una silla de ruedas. Al investigar más sobre el tumor encontró que tiene varios tratamientos, pero es incurable, según la literatura médica. 


 Incurable es sin dudas una palabra tremenda, la cual fue preocupante esa primera semana de dolores, pero luego a llegar la razón, fugada por el miedo, empujo los temores con rumbo a la nada, al territorio de las cosas que no importan en la mente, ¿porque?, muy sencillo, incurable no es una sentencia de muerte, ni de verdadera preocupación en la bitácora de su vida, al estar grabada desde hacia mucho una cita de Virgilio, el poeta romano de la antigüedad: “No te inclines ante la adversidad, más bien oponte a ella tanto cuanto tu suerte lo permita”. 


No cree en la suerte, solo en la voluntad y perseverancia. A ellas acude siempre cuando la adversidad toco antes la puerta para oponerse a sus designios y por eso no hace caso al “incurable” médico, porque no hay nada definitivo mientras tengas vida. Tal vez el cáncer  no lo lleve hacia el plano espiritual, un sitio  en definitiva donde vamos todos, sino otros padecimientos, como la diabetes, presión arterial o un infarto o  quizás muera de risa, al igual que el poeta cubano Julian del Casal, quien en realidad falleció por un aneurisma. Nadie sabe como partimos de este mundo;, eso es un enigma.


 En realidad quiere decir que a veces nos preocupamos más por la muerte que en vivir.  Y en esta aventura incomoda , trata de existir con alegría, a pesar de los obstáculos surgidos por los "efectos especiales" - para él no son secundarios- de la radiación y quimioterapia, aplicados con más fuerza ahora por la recaída del padecimiento, eso sin contar los efectos de la propia "Milly" 


Decía Erasmo de Rotterdam, en  su libro “Elogio de la locura”, que “la felicidad depende de cómo ves los hechos”.  Y esos hechos dicen que pese a todo es un tipo afortunado, tiene dos hijos bien cercanos, Gilbert Ralph y Gregory y ambos, con su presencia, estimulan el día a día con sus ocurrencias infantiles y  lo mejor de todo, su esposa Marisol, la jefa del palenque,  que está en la primera línea de este combate por la salud con su amor incondicional contra este mal, junto a mi otro hijo Martin, Natasha, su esposa mis dos nietos. y Gaby desde México, sin olvidar a mi sobrina Sundae. Eso, sumado a  los amigos cercanos y digitales en diferentes partes del mundo que transmiten sus buenas energías con oraciones a las distintas religiones que practican por mi salud. Todo eso es un ejército de bendiciones.


  Que el mieloma sea un padecimiento incurable no importa, tal vez por esos misterios divinos, unidos a la ciencia, consiga curarse del todo. Si ese milagro ocurre, de todas maneras esta agradecido, por lo vivido y nada lo deprime, ni agria el carácter, al contrario no pierde la  feliz intención  de ayudar a otros, sobre todo a los jóvenes gracias a la Fundación Martin Dihigo.


 Que el mieloma sea incurable no detuvo su propósito de compartir las experiencias hospitalarias y por eso publico un libro con ese testimonio llamado "Tengo cáncer" y tal vez escriba otro en este segundo encuentro con "Milly”, el cual tiene otra características. Lo cierto es que a pesar de los pesares no pierde la alegría, el amor, la voluntad de seguir y mantener alto el ánimo y aunque a veces el ala negra de la depresión lo captura por momento, posee las armas para salir  del hueco tirando balazos de energía positiva. Así que grita: cáncer incurable, qué importa, si disfruto cada jornada con amor.


 No olviden que los resultados no están en nuestras manos, solo las acciones que hagamos son válidas y  busquen siempre apoyo con las 40 mil neuronas sensoriales que habitan en nuestro corazón que lo hacen pensar y ayudan a que cerebro y corazón trabajen unidos y esa química positiva hagan que las acciones sean exitosas y desdeñen cuando le digan que un cáncer es incurable con una sonrisa y respondan ¿importa?


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