DELCINA: la luz que no se apaga
Gilberto Dihigo.-Extraño a mi madre. La extraño con cada poro, con cada respiro. Ella sigue conmigo en mis recuerdos más luminosos, y también cuando observo a sus nietos —los cubanos y los gringos— porque en todos ellos está su rastro. La veo en Marisol que, por esas ¿casualidades?, comparte con ella el signo Acuario y, a veces, me la recuerda en sus risas, en sus humores, en esa manera particular de mirar la vida. Hay días en los que abrazo el aire y siento su presencia. Sí, extraño a mi madre… y sé que no soy el único. Muchos de los boomers crecimos con un profundo respeto y amor por nuestros padres. Bendecidos quienes aún los tienen para cuidarlos; y quienes ya no, los honran como pueden, igual que yo. Sin ánimo de exagerar —aunque quizá peque de injusto— siento que, salvo excepciones, las generaciones más jóvenes no reaccionan con ese mismo sentido de devoción. Uno escucha historias de hijos que dejan a sus padres a la deriva, los abandonan en instituciones y nunca regresan a verl...